La mano izquierda de la oscuridad by Ursula K. Le Guin

La mano izquierda de la oscuridad by Ursula K. Le Guin

Author:Ursula K. Le Guin
Language: es
Format: mobi
Published: 2011-12-19T04:38:31.168498+00:00


12

Del tiempo y de la oscuridad

De Las palabras de Tuhulme el Gran Sacerdote: un libro del canon yomesh, compuesto en Orgoreyn del Norte alrededor de 900 años atrás.

Meshe es el centro del tiempo. El momento en que lo vio todo claramente llegó a él cuando había vivido treinta años en la tierra, y luego de ese momento vivió otros treinta años en la tierra, de modo que la visión ocurrió en el centro de su vida. Y todas las edades anteriores a la visión fueron tantas como serán después de la visión que ocurrió en el centro del tiempo. Y en el centro no hay tiempo pasado ni tiempo por venir. El centro está en todo tiempo pasado y en todo tiempo por venir. No ha sido ni está por venir. Es todo. Nada queda oculto.

El hombre pobre de Sheney se llegó a Meshe lamentando que no tenía comida para los hijos en la carne, ni semilla para sembrar, pues las lluvias habían arruinado la semilla en la tierra, y toda la gente del hogar moría de hambre. Dijo Meshe:

—Cava en los campos de piedra de Tuerresh, y encontrarás allí un tesoro de plata y piedras preciosas, pues veo un rey enterrado allí, diez mil años atrás, cuando un rey vecino lo instó a una contienda.

El hombre pobre de Sheney cavó en los campos de Tuerresh y en el sitio señalado por Meshe desenterró un tesoro de joyas antiguas, y al verlo dio gritos de alegría. Pero Meshe que estaba a su lado lloró mirando las joyas, y dijo:

—Veo un hombre que mata a un hermano de hogar por una de estas piedras talladas. Esto ocurrirá dentro de diez mil años, y los huesos del asesino yacerán en esta tumba donde está el tesoro. Oh hombre de Sheney, conozco también el sitio de tu tumba, y veo cómo yaces en esa tumba.

La vida del hombre está en el centro del tiempo, pues todo es visto por los ojos de Meshe, y reside en el ojo. Somos las pupilas del ojo. Nuestros actos son su visión, nuestro ser es su conocimiento.

Había un árbol de hemmen en el corazón de la floresta Ornen, de ciento cincuenta kilómetros de largo y ciento cincuenta kilómetros de ancho, que era viejo y corpulento, de un centenar de ramas, y en cada rama mil vástagos, y en cada vástago cien hojas. El ser enramado del árbol se dijo a sí mismo:

—Todas mis hojas son visibles, menos una, que está oculta a la sombra de las otras hojas. Esta hoja la guardo en secreto. ¿Quién la verá a la sombra de mis hojas? ¿Y quién contará el número de mis hojas?

Meshe pasó un día por la floresta de Ornen, y de ese árbol arrancó esa hoja.

En las tormentas del otoño no cae ninguna gota de lluvia que haya caído antes, y la lluvia ha caído, y cae, y caerá a través de todos los otoños de los años. Meshe ve todas las gotas, donde cayeron, y caen, y caerán.



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